La Hermida [Cantabria],
Lugar que desde antaño se le conocía como “Aguas Caldas”, el actual nombre de la HERMIDA, según algunos no es sino la última mutación de un antiguo topónimo que hacía referencia a la existencia en este lugar de manantiales de agua muy caliente y, así, antes que Hermida fue “HERVIDA” . Ello tiene lógica pues aquí el agua minero medicinal siempre brotó a 60ºC.
Esta circunstancia de la Hipertermia del agua necesariamente atrajo la atención de las gentes. En el libro titulado: “TRATADO COMPLETO DE LAS FUENTES MINERALES DE ESPAÑA”, editado en el año 1853 (hace ahora 153 años), su autor el Excmo. Sr. Don Pedro María Rubio escribía: “Las aguas minerales de La Hermida son conocidas desde tiempo inmemorial; pero apenas se hizo de ellas uso curativo hasta mediados del siglo pasado en que llamó la atención hacia ellas un monje benedictino del Monasterio de Liébana, que desempeñaba el cargo de farmacéutico”.
Con estas palabras queda claro, por lo tanto, que ya a mediados del siglo XVIII (hablamos más o menos del año 1.750) se tenía constancia del uso habitual terapéutico de los manantiales de la Hermida en Peñarrubia. Don Pedro Maria Rubio en el libro antes citado escribe: “El valle de Peñarrubia está situado en la parte occidental de la Provincia de Santander, su terreno es quebrado y montañoso, de abundantes rocas calizas cubiertas con tierra de arcilla ferruginosa. Del color rojizo que da a las rocas el hierro, tomó el valle el nombre de Peñarrubia”.
Sin embargo, que siendo cierto tan abundante el hierro en los terrenos sedimentarios de este lugar.... sin embargo no aparecen restos de este metal en la composición química del agua minero medicinal de nuestros manantiales. Y es que el agua termal de la Hermida no es un agua de superficie..... No....., es sin duda alguna, un agua primitiva, un agua que nunca hasta aquí vio la luz. Un agua “naciente” que durante cientos de años ha peregrinado por el interior profundo de la tierra y surge en este sitio de abajo (muy abajo) hacia arriba, viniendo posiblemente del lado del Valle de Peñamellera (provincia de Asturias), y de más allá, hasta que al llegar al lugar donde está el balneario esa corriente profunda de agua se encuentra con una mole rocosa impermeable que le impide el paso y una fisura en el terreno la hace emerger al exterior.
La centenaria historia de esas gotas de agua, de esos hilos de agua que en la actualidad espontáneamente salen a borbotones en tres puntos diferentes, se nos antoja que es romántica y maravillosa: “en algún momento de no se qué siglo, primero, segundo, octavo, diecisiete,... da igual.... ese agua cayó con la lluvia de un día de tormenta, penetró poquito a poco en las rocas porosas o fisuradas y después hasta las entrañas de la tierra, se fundió con otros espacios de agua en el vientre inmenso del globo terráqueo y formó ríos interiores y lagos junto al magma en ebullición, mares a kilómetros de distancia de la superficie en que transcurre nuestra insignificante vida diaria, y en ese trasiego continuo de años y años, nuestro agua de La Hermida fue horadando las peñas, limando rocas volcánicas, disolviendo montañas graníticas, enriqueciéndose de las sales minerales de los terrenos por donde transcurren las eternas corrientes de agua y del calor del magma en ebullición, hasta que, curiosamente afortunadamente para nosotros, revienta en este lugar y sale al exterior. Sin duda que es bonita la historia de nuestro agua minero-medicinal de la Hermida.
Fuente: balneariolahermida.com
Balneario de La Hermida [Picos de Europa, Cantabria]